La nueva directora de Amnistía Internacional sección Suiza, Manon Schick, habló de los retos a los que se enfrenta en el Organismo, entre ellos el tema de los inmigrantes.
Apartes de la entrevista para Swissinfo
En el Informe 2010 de Amnistía se dice que el discurso público es cada vez más racista y xenófobo en este país. ¿Qué opina usted al respecto?
M.S.: Amnistía no es la única que hace esta observación. En el debate político se escucha hablar con más frecuencia de “islamización de Suiza” o de “los valores suizos en peligro”, cosa que antes era bastante raro.
En los últimos años esta tendencia se ha agravado porque los partidos tienden a utilizar los sentimientos xenófobos de la población para acumular votos. A tal punto de dar la impresión de que hay un gran problema entre el Islam y las otras religiones en el país, y eso no es cierto.
Los partidos tienen una gran responsabilidad y es necesario que dejen de hacer este juego peligroso para la cohabitación entre los suizos y los extranjeros, o entre las religiones en este país.
¿Es ése, a juicio suyo, el reto más grande a los derechos humanos en Suiza?
M.S.: En todo caso es uno de los mayores. El otro gran problema político es planteado por los migrantes: la situación se deteriora notablemente. La legislación sobre el asilo ha sido modificada en los últimos treinta años, para ser casi siempre más estricta.
La situación en la actualidad es muy, muy difícil para los migrantes. Algunos solicitantes de asilo no tienen derecho a un procedimiento equitativo ni a asesoramiento jurídico. Y si es rechazado su recurso no tienen derecho a una existencia digna: las familias solo disponen de 10 francos diarios para sobrevivir, aunque carezcan de los documentos necesarios para retornar a sus países. Eso es inadmisible en un país como Suiza.