Publicado el 6 de octubre de 2005. Autor desconocido
“Voy a cambiar de carrera”

La emoción de comprar el formulario de inscripción a la universidad, pagarla primera matrícula y por su puesto iniciar el semestre, puede durar poco si no se elige la carrera correcta.
Esto les ocurre a muchos jóvenes que se dan cuenta con el paso de los días y por qué no, de los semestres, que están en el lugar equivocado, o mejor, que están estudiando una carrera que no llena las expectativas y con la que no se ven en mereciendo como profesionales en cuatro o cinco años.
Aunque parezca conflictivo, no es tan grave si se cuenta con el apoyo de los padres. Lo que sí es problemático es continuar cursando los semestres, aún sabiendo que están gastando tiempo y esfuerzos en una profesión que no los apasiona. "Esto puede causar baja autoestima los jóvenes y sensación de frustración en los padres", afirma María Cristina Borja, psicóloga especializada en orientación profesional.
Cambiar de opinión es válido, cambiar de carrera, también, aunque ése no sea el objetivo inicial. La dirección correcta se puede recuperar si se toma la decisión a tiempo. No ostra y actúe pronto. Recuerde que los 18 años, edad promedio en la que los jóvenes pisan por primera vez la universidad, sigue siendo muy corta para tomar una decisión tan importante para el futuro.
Así, que los padres que se acaban de enterar que su vivo optó por abandonar esa carrera que tanto lo hacía dudar, deberían facilitar el proceso de cambio, respaldándolo y guiándolo. Reprochar y sermonear no es la solución. Es importante tener en cuenta que el 50% de los estudiantes matriculados desertan de sus universidades esta cifra incluye también a los que cambien de carrera. No es una justificación, obviamente, pero según los expertos es una realidad que se vive y que se debe mirar de la mejor manera posible.
Borja explica que hoy en día es muy común ver que los universitarios se retiren a mitad del semestre. "Tengo casos en los que casi profesionales confirman que están estudiando algo que no es lo suyo. Esto corre por desinformación y porque eligen una carrera no acorde con sus capacidades y actitudes", dice.
Según Ruth Quijano, este delito en orientación profesional, "a esta situación tan frecuente en los jóvenes, se le ha llamado síndrome de PETER PAN, ya que los muchachos no afrontan fácilmente su madurez y quieren vivir por siempre en la adolescencia. No encuentran el camino y ninguna profesión les agrada".
Así, que si su hijo ya tomó la determinación de estudiar otra carrera, lo mejor en este caso será a ser un trato en conjunto: apoyo a cambio del diploma en un par de años, quizá cinco. Lo que no debe pasar es que esta indecisión se convierta en el pan de cada día, o de cada seis meses, y los muchachos vayan de carrera en carrera, sin saber lo que quieren.
RECOMENDACIONES PARA NO FALLAR EN EL INTENTO
• los padres tienen que asegurarse, antes de dar el primer paso, que las razones que llevan aquel joven decidiera a abandonar la carrera serán válidas, es decir, que no sea por simple capricho, por detalles pequeños relacionadas con alguna materia que causó malestar o que a simple vista pareció complicada. Que no se vuelva costumbre.
• Los jóvenes vean buscar una profesión con la que sientan completa afinidad, que les agrade más y con la que se sientan seguros y capaces de responder desde ya hasta el final. Por supuesto, el compromiso es continuar estudiando.
• Los padres tienen que concientizar a sus hijos sobre la importancia de seguir las consecuencias que implica iniciar otra carrera. Volverán a ser fin y paros, estudiarán con gente más joven y se graduarán más tarde. La idea es no volver a contemplar la opción de cambiar nuevamente decisión.