La emigración, aunque apreciada por muchos como un problema para las naciones industrializadas, libera a las mismas de sus responsabilidades económicas en cuanto a los aportes al desarrollo se refiere.
El OCDE, creado por las 30 naciones más desarrolladas del planeta se ha comprometido desde 1961, a realizar aportes que contribuyan al desarrollo de las naciones menos industrializadas pero este compromiso no ha arrojado soluciones concretas lo cual ha hecho más importante el rol económico de la emigración en el desarrollo de las naciones pobres
Durante el año 2005 la totalidad de los emigrantes enviaron a sus países de origen la suma de 167 mil millones de dólares, cifra nada insignificante y la cual equivale al doble de la ayuda pública que los países industrializados destinan a los países pobres. Este hecho contribuye al desarrollo de las naciones en vía de desarrollo y a la vez indica el papel importante de la emigración en uno de los objetivos que se auto-impusieron los organismos internacionales: la lucha contra la pobreza.
Las cifras anteriores demuestran el beneficio que los 200 millones de emigrantes que actualmente viven en el mundo, ofrecen a sociedades enteras donde los gobiernos corruptos, los injustos intercambios internaciones y las guerras patrocinadas por empresas multinacionales ahogan en la miseria la mayoría de habitantes del planeta. Los países de los cuales salieron estos fondos son, en orden de importancia: Los EE.UU., Arabia Saudita, Suiza, Alemania y Francia. Vale la pena indicar que estas cifras se basan en los envíos oficiales que se hacen por medios controlados por las autoridades monetarias pero que aun no se conocen valores exactos sobre los envíos de remesas enviados por vías informales. Estos fondos fueron transferidos en orden de importancia a países tales como India, China, México y el resto de países exportadores de mano de obra. Sólo en América Latina se calcula que entraron 42 mil millones de dólares por concepto de remesas durante el 2005.
En otras palabras la emigración contribuye al bienestar de las sociedades no sólo por los beneficios culturales que ésta aporta a la sociedad anfitriona sino por su participación en la lucha contra el flagelo que afecta el mundo entero y en la cual todas las naciones se han comprometido: acabar con la eterna enfermedad de la pobreza.
En nuestra opinión, pretender erradicar la pobreza seguirá siendo un objetivo un tanto ingenuo. Encontramos que en la naturaleza humana es natural disfrutar de la miseria de muchos para hacer resaltar aún más el bienestar de pocos. Pero aunque esta lucha es un tanto ingenua vale la pena seguirla dando para no robarle el único patrimonio de los desposeidos: la esperanza a la que todos siguen afferrados.
Guillermo Arbeláez P.
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